Tan reconocible como el Capitolio y el Malecón, el Morro de La Habana se yergue vigilante a la entrada de la Bahía, desafiante y a la vez familiar para aquellos a los que en la noche anuncia puerto y cobijo seguros, o para quienes lo admiran desde el otro lado del mar.
Uno de los principales símbolos de la urbe habanera y por transitividad
de Cuba, la fortaleza transpira historia en cada una de sus piedras, listas
para contar, si uno sabe escucharlas. El Castillo de los Tres Reyes del Morro
se ha convertido con el tiempo de baluarte militar y vigía de la ciudad, a uno
de los principales destinos para todo recién llegado a la capital.
Amante de la historia o neófito, turista o viajero, caminar por el
delgado camino de aspilleras hasta llegar al frontón de la entrada es
experiencia obligada y será todo un regalo o una obligación si quiere subir a
uno de los puntos más altos de la geografía capitalina y presumir, cámara en mano,
de aventurero.

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